De peña en peña muevo las pasadas
De peña en peña muevo las pasadas,
La tristísima voz al aire dando
Voy cantando mis quejas desusadas:
Incierto en el camino que pisando
De un monte esquivo, al otro me encamina,
En medio del estoy en ti pensando:
O rigoroso paso, y cuán indigna
El alma veo aquí de sola una hora
Poder en ti pensar cosa tan digna.
Si el alma aun no es merecedora
Purísima, y perfecta, y que me puede
De esperanza quedar en ti Señora?
Mas que puedo querer, Fortuna ruede,
Llevándome de un triste en otro estado,
Y si es tu voluntad un bien no quede.
En mí no vive ya, es transformado
En ti, el triste espíritu, que tenía
De ti sola se quiere ver mirado.
Que aunque en fatigas pase noche y día
De tu mano se viniese, ó en paso estrecho
La firme voluntad no mudaría.
Y si por realeza un blando pecho,
Que tanto tiempo fue endurecido
Quisiese ya mostrar un nuevo hecho;
A do me llegaría aquel sonido
De tu nueva mudanza y mi ventura,
Al eco, al valle, al monte empedernido.
Do no se cantaría tu blandura,
En que región extraña, o nueva parte
Quedara por loar a tu hermosura.
Quien no pusiera estudio, ingenio y arte,
Y quando todo no, mucho dijera,
Mostrando que cupiera en ti ablandarte.
Que roble, que león, que tigre huviera,
Que áspera montaña intratada,
Que mis mudadas vozes no oyera.
Mas no quiere Amor que la usada
Queja, en estas sierras esparcida
De tanto tiempo ya sea dejada.
Ni tu querrás que yo deje la vida,
Para me dar tormento aun más fiero,
Ni con tan luenga usanza interrumpida.
Cada hora más áspera te espero,
Que vengas pido, el mal sea más duro,
Que el que puedo sufrir, ya no lo quiero.
Pruevase este amor perfecto y puro
En fatigas mayores, en crudeza,
Cuanto fuere mayor, es más seguro.
Excedes a las fieras en dureza,
Quando se ha visto, en esta pura y rara
Gracia, del duro monte la aspereza.
De los bienes que puedes dar avara,
Al que puedes dar vida, y por ti pena,
Pues niegas lo que el mundo no pensara,
Hacé en tu voluntad como ella ordena.
